
Casi todos los profesionales del ramo ponen el origen de nuestra aversión u hostilidad a ciertas cosas en algún trauma de la infancia (adolescencia, en este caso), en algún acontecimiento que nos haya conmocionado o marcado para siempre, y luego nosotros disfrazamos nuestra fobia de lo que mejor nos viene y nos justifica o de alguna gracieta: el gintónic es una bebida de viejas...
Reconozco que junto con la FOTOGRAMAS la revista AR es mi publicación mensual de culto. Nadie podrá negarme que analizar la portada de la AR es el mejor medio para comprobar las maravillas que pueden hacerse con la última versión del photoshop. En su último número el Gin & Tonic se reinventa para convertirse en la bebida más sofisticada del momento. El rey de la noche. Tu marca de ginebra de toda la vida ni aparece entre el muestrario de botellas de diseño y alucinas con los ingredientes con que se elaboran hoy día la propia ginebra o el agua tónica -ojo de dragón, hojas de amapola, limón asiático o quinina del Perú-. Supongo que es mi actitud de natural prejuiciosa la que me impide disfrutar plenamente de los pequeños o grandes placeres que me niego sistemáticamente. Es como el rollo que se traen los americanos (estadounidenses) con lo de ir a pescar con la prole. El plan perfecto para pasar tiempo con tu hijo y mostrarle a él (y al mundo) cuán enrollado y gran padre eres, qué complicidad existe entre ambos y lo que le quieres (y te quiere) y unidos que estáis. He aquí otro trauma, pues: Fredo Corleone subido en la barquita, pescando en el lago Tahoe, rezando un Avemaría a punto de ser ejecutado. Si a mí me viene un pariente y me invita a salir a pescar al lago con su barquita, salgo corriendo y no paro hasta reventar. Está claro que con los prejuicios y las suspicacias no se trata tanto de darle una oportunidad a las cosas o a las personas como de darte una oportunidad a ti mismo.
1 comentario:
Qué razón llevas. ¡Cuenta la historia de aquella traición!
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